Entrevista a Nicole L’Huillier, ganadora del Premio MIT de Artes Visuales 2020

La artista chilena obtuvo el Premio Harold y Arlene Schnitzer en Artes Visuales 2020, que anualmente se otorga a estudiantes del Massachusetts Institute of Technology (MIT) en Boston, por su excelencia en el trabajo artístico.

La arquitecta y músico chilena, Nicole L’Huillier, candidata a doctorado del Media Lab “Opera of the Future” del MIT en Boston, fue la ganadora del Premio Harold y Arlene Schnitzer en Artes Visuales 2020, que anualmente se otorga a estudiantes del MIT por su excelencia en el área artística.

Nicole L’Huillier es una artista transdisciplinaria, actualmente residente en Boston, que a través de instalaciones, esculturas y composiciones múltiples, explora la performatividad humana y no humana, así como la vibración y el sonido como materiales de construcción de espacios. Su obra se sitúa en la intersección de la música, el arte, la arquitectura, la ciencia y la tecnología, áreas en las que trabaja para desafiar las convenciones perceptivas y abrir posibilidades de nuevos imaginarios.

El año pasado fue seleccionada para participar en la residencia Simetría, un programa de intercambio artístico científico, que permitió que la artista visitara los observatorios ALMA y VLT del cerro Paranal en Chile, y el Gran Colisionador de Hadrones, CERN, en Ginebra, Suiza.

Fue durante su visita a estos tres centros científicos que la artista trabajó en el proyecto ganador, titulado El Poema de la Fábrica Cósmica. La obra consiste en una escultura sonora viajera llamada PARACANTORA, dotada de varios dispositivos de escucha y sensores ambientales –medidores de presión barométrica, altitud, temperatura, acelerómetro, campos electromagnéticos, anemómetro, turbina eólica, entre otros- que mapearon en tiempo real los diferentes sonidos ambientales de estos lugares, creando una interpretación musical de cada sitio.

“Este es un ejercicio de escucha para emerger juntos, estimular la percepción, confundir la realidad y resonar con el sentido de que somos tan parte de la naturaleza como lo somos de la cultura”, indica Nicole acerca de su obra.

“Que los artistas tengan la posibilidad de intercambiar experiencias y conocimientos en programas como Simetría será siempre un beneficio, más aún cuando se trata de ámbitos que a ratos parecen tan lejanos, como es el arte y la ciencia, pero que conectan a la perfección en creaciones como esta. Por eso, no me queda más que felicitar a Nicole, cuya obra además ha sido reconocida por una institución tan destacada como el MIT”, comenta la ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Consuelo Valdés.

El premio Schnitzer consiste en 5,000 dólares y tradicionalmente, contempla la exhibición de la obra en la Galería de Arte Estudiantil Wiesner del MIT. Sin embargo, debido al distanciamiento físico requerido para limitar la propagación de COVID-19, una selección de los trabajos seleccionados estará disponible en línea.

Nicole L’Huillier en los jardines del CERN

Simetría es un programa de intercambio artístico-científico que invita a un artista de Chile y otro de Suiza a realizar una residencia conjunta en algunos de los centros de investigación científica más importantes del mundo. La iniciativa es organizada en conjunto por Arts at CERN, ALMA, ESO, la Corporación Chilena de Video y Artes Electrónicas (CChV), el Área de Nuevos Medios del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile, y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). El proyecto cuenta además con el apoyo del Consejo Suizo de las Artes Pro Helvetia, en el marco de su programa Coincidencia «Intercambios culturales Suiza – América del Sur».

“La residencia fue una experiencia infinitamente enriquecedora”, cuenta la artista. “Desde muchísimos ángulos, para mi personalmente fue un momento de convertirme en una esponja y recibir, absorber y, sobre todo, escuchar. Haber tenido la oportunidad de estar ‘viviendo’ en CERN, ALMA y Paranal fue atómico, desde que nos despertábamos hasta la tarde, en la noche, todo giraba en torno a misterios cósmicos”, agrega.

¿De qué manera influyó esta residencia en tu trabajo?
Fue muy estimulante. Cada día conocíamos al menos tres científicos que nos volaban la mente y visitábamos las instalaciones, delicados sensores y mega detectores. Incorporar eso en tu día a día como algo normal, un poco hacerlo como parte del sentido común, hizo que nuestros diálogos cambiaran, que usáramos otras palabras para hablar, que pensáramos en otras escalas y dimensiones de existencia.

Además de eso, pudimos profundizar en temas muy complejos que a mi por lo menos me abrieron un universo de ideas, preguntas y posibilidades. A nivel personal, fue una experiencia muy linda ya que nos hicimos muy amigos con Alan (Bogana), mi compañero de residencia, íbamos para todas partes juntos y fue realmente enriquecedor, ya que ambos teníamos preguntas y perspectivas muy distintas que se retroalimentaban de cierta forma. Otro aspecto importante fue también el hecho de haber ido a lugares tan distintos y ricos en su cultura local, cosa que se funde con estos lugares, con su territorio, cosmovisiones y con quienes viven y trabajan ahí, con quienes conversábamos e hicimos amistad día a día.

¿Cómo contrastas la experiencia que tuviste en CERN y los observatorios astronómicos en Chile?
Son lugares tan distintos, fueron experiencias tan distintas. Si pudiera mencionar algo que fue primordial para mi, podría ser lo similar al contraste de escalas entre ambos lugares: en CERN las observaciones giran en torno a los componentes más pequeños de la materia, elementos que para nosotros son imposibles de ver, y en ALMA y Paranal se observan cosas -que si bien a veces pueden ser muy pequeñas- existen en la inmensidad del cosmos, fenómenos de gran escala que existen en los cielos. Creo que ahí está la gran diferencia, siento que en CERN las conversaciones y diálogos eran altamente técnicos, pero estuvieron más cargadas de fundamentos filosóficos, profundamente arraigados a la cosmología. En ALMA y Paranal nuestras exploraciones fueron más “manos a la obra” y dedicábamos más tiempo aprendiendo acerca de las mecánicas de las observaciones y la complejidad y posibilidades (poéticas y prácticas) de los datos. Si era interesante que conversando con astrónomos en Chile, logramos hacer varios links entre ambas escalas, de cierta forma todo parecía menos contrastante que al principio y se sintió más como un tejido entre ambos lugares.

¿Cómo se gesta El Poema de la Fábrica Cósmica? ¿Cómo fue su proceso de creación?
Apenas supe a los lugares que íbamos a ir dentro de la residencia, quise desarrollar algún tipo de experimento que me acompañara a cada lugar y me ayudara a entenderlo desde otras percepciones o con otras sensibilidades. Entonces se me ocurrió que podía armar esta escultura sonora viajera que, a modo de un sensor, me entregara otra capa de lectura para aproximarme y develar cada lugar.

Una cosa era recopilar datos y registrar información, pero también quería ofrecer algo al lugar, que en terreno pasara algo, que hubiera una acción concreta que se pudiera compartir con la gente de los lugares y se fundiera en el viento y la arquitectura. Por eso decidí llenarla de parlantes y que todos los datos fueran procesados en tiempo real para explorar en vivo y en directo estas otras capas de información con un concierto, con un poema sonoro para cada uno de estos espacios. Fue toda una travesía viajar con ella para todos lados, pero definitivamente valió la pena poder hacer las sesiones de escucha que fueron como mini rituales en cada lugar. Me entregó otra manera de aproximarme a cada lugar, expandió los diálogos con la gente, abrió otras curiosidades un poco rompiendo con la rutina y proporcionando un momento distinto, una cosa rara que detuvo el tiempo por unos minutos. Además, la escultura misma al viajar tanto está marcada por esos viajes, tiene marcas que le dan vida y narran su historia.

¿Cómo recibes este premio en tu carrera y cuáles son tus próximos proyectos?
¡Este premio ha sido una gran alegría y muy linda sorpresa! Estoy muy honrada de haber recibido el primer lugar, siento que sobre todo en los momentos que estamos viviendo todas estas cosas suben el animo y entregan una motivación muy positiva y energizante. Gracias a este reconocimiento se han ido abriendo nuevas posibilidades para el futuro y espero que de aquí surjan más colaboraciones y diálogos interesantes. De todas formas, todo con calma, paso a paso, entendiendo que estamos en un momento de inestabilidad e incertidumbre a nivel global. Lo que se viene ahora en concreto es continuar con mi proyecto e investigación de doctorado en MIT que va a terminar con una instalación “con bombos y platillos” el próximo año, cosa que me tiene muy motivada estos días, y lo más importante, la llegada de mi hija Luna que va a nacer en un par de semanas, lista para que nos acompañemos mutuamente en todas nuestras aventuras y exploraciones.