La 14 Bienal de Artes Mediales de Santiago anuncia los ganadores del Concurso Internacional Juan Downey 2019

Rostro humano de Javier González Pesce, ganador del certamen
en la categoría de Videoarte
  • En total se recibieron 120 postulaciones a este certamen que invitó a audiovisuales de Chile y otros países a enviar trabajos basados y/o relacionados a El cuarto mundo, tema curatorial de esta nueva versión de la Bienal, dedicada a reflexionar sobre el actual estado de crisis socioambiental del planeta.
  • Los ganadores fueron Javier González Pesce en la categoría Videoarte y Animación, y el Colectivo ECOS en la categoría Narrativas Interactivas, quienes se adjudicaron como premio USD 1.000 (mil dólares).

Con 25 años de trayectoria, el Concurso Internacional de Artes Mediales y Audiovisuales Juan Downey es considerado una actividad emblemática de la Bienal de Artes Mediales de Santiago y una importante instancia para el videoarte de la escena local, que da cuenta de nuevos exponentes en el área, así como también de sus constantes cambios en formatos, matices, lenguajes y tecnologías.

El certamen se originó en 1993 en el marco de la primera edición de esta Bienal, como homenaje al artista chileno Juan Downey (1940-1993), pionero en el videoarte, el cine expandido y las instalaciones interactivas, tanto en Chile como en el resto del mundo. Desde entonces, en sus diversas ediciones han participado artistas provenientes de diversos países, creadores de videoarte, animación digital y narrativas interactivas.

En esta edición, se recibieron 120 postulaciones de realizadores nacionales y extranjeros, cuyos trabajos se basan y/o relacionan a la temática curatorial de la 14 Bienal de Artes Mediales, El cuarto mundo, que se realiza desde septiembre de 2019 y hasta febrero de 2020 en distintos centros culturales de Santiago.

Latidos marinos del colectivo ECOS, ganador del certamen en la
categoría Narrativas Interactivas.

“Invocamos la obra de Juan Downey mediante esta convocatoria, que tiene como objetivo relevar los trabajos de artistas que exploran los bordes del territorio audiovisual. La cantidad de obras recibidas en esta edición, constantan la fuerza del video y las narrativas interactivas, en un contexto donde la reflexión crítica, la conciencia planetaria, la incomodidad de las estructuras obsoletas y los paradigmas transformativos, marcaron transversalmente la identidad de las obras recibidas”, explica Enrique Rivera, director de la Bienal y de la Corporación Chilena de Video (CChV).  

En la categoría Video Arte, el jurado estuvo compuesto por la codirectora artística de Trauma 4 Productions Mary Monahan, el artista y educador Cristóbal Cea, y el fotógrafo y documentalista Benjamín Matte, quienes deliberaron en torno a diez trabajos finalistas. El ganador fue Javier González Pesce con la obra Rostro humano (ver extracto de la obra, aquí). Este trabajo fue seleccionado por ser una obra que problematiza, desde el leguaje audiovisual, temas pictóricos, escultóricos y performáticos, así como también por el adecuado e interesante uso de la tecnología del drone, su particular estética y carácter lúdico. “La acción que se aprecia en el video nos habla de la imposibilidad del humano de dominar las fuerzas de la naturaleza: la corriente del agua desfigura constantemente el rostro que flota sobre el rio, pese al constante intento inútil del artista por configurarlo”, argumentó el comité.

En la categoría Narrativas Interactivas, el jurado estuvo compuesto por la artista medial Natalia Cabrera, el realizador audiovisual Pepe Rovano y la periodista Francisca Gabler, quienes deliberaron en torno a ocho trabajos finalistas. El ganador fue el colectivo colombiano ECOS de la artista Ana Carolina Naranjo con la obra Latidos Marinos. Esta obra recrea los viajes de las ballenas jorobadas, presentando una particular sensibilidad visual y sonora en torno al latido de su corazón y sus cantos. “Valoramos especialmente su enfoque más allá del antropocentrismo y la investigación audiovisual del entorno marino, que nos permite conocer de cerca el mundo sonoro de estos mamíferos, a la vez que el uso de gafas de realidad virtual da paso a una experiencia inmersiva en el fondo oceánico, donde la abstracción de imágenes, líneas y colores, van marcando el recorrido en 360º”, manifestó el equipo.